sábado, 16 de abril de 2011

Entendiendo a Hubert Selby I



Cuando estaba en la secundaria, siempre pensé que tenias que estar muerto para ser un novelista, muerto o de algún otro lado, Inglaterra, Francia.
Una de las mas profundas, incluso periféricas, epifanías que me sucedieron mientras leía Last Exit to Brooklyn de Hubert Selby Junior, fue que mi clase trabajadora de Bronx era material valido para el Arte, que las voces, las calles, los gestos que conocía tan bien, eran tan humanos, tan preciosos, y tan honorables como cualquiera de los que se pueden encontrar en décadas y civilizaciones dentro de la literatura.
Lo que quiere decir, que me senté a leer Last Exit to Brooklyn con la realización aterradora de que si tenia las ganas y el talento para ir con mis ojos y oídos abiertos, podía crecer y convertirme en escritor. No fue hasta que era mucho mas grande que comprendí que el talento y el material no significan nada sin algo extra que Selby posee y proyecta en cada página de cada libro que ha escrito: Amor, el perdón y la compasión que elevan a todos los excluidos que habitan este mundo, lo olvidado, lo depravado, la sangre fría y la insensatez. Su arte es su habilidad para humanizar lo que parece inhumano, y por extensión, humanizar al lector.
Nadie puede transmitir la experiencia visceral del sufrimiento de la gente como Selby, las crueles alucinaciones; de gracia, de paz, de amor de Easy Street, el dolor de la enfermedad de la droga, de la asfixiante ira, de la claustrofobia parental/marital/sexual, el apriete de tornillos del delirio paranoico, la patética grandiosidad de caminar el camino de los sueños, y el temor del inevitable amanecer.
Selby se mete por debajo de la piel y dentro del cerebro de las clases bajas urbanas, monólogos infernales llenos de una trágica desilusión, éxtasis pasajero y la furia obsesiva que chocan en cada página. Lo mejor, es que el nos puede llenar, literalmente de empatia.
Réquiem por un Sueño, sigue la destrucción de cuatro personas, tres jóvenes y una vieja. Aquí Selby nos muestra a los adictos, a la droga, a la esperanza, a la trágica e infantil visión del cielo en la tierra.
Incluso cuando sus personajes ascienden a las alturas, se puede preveer el desplomo de sus pesadillas, pero esto no protege al lector de experimentar un sufrimiento casi insoportable, de degradación y olvido, que es el precio de los sueños entre los débiles.
Réquiem por un Sueño es esencialmente Selby, alimentada por los momentos que hacen que el lector se sienta como el locutor testigo de del desastre Hindenburg, que solloza “¡OH, la humanidad!”
Es el regalo que nos hace una vez mas Selby, de encontrarnos a nosotros mismos sufriendo por esta gente, que nos hace amar a lo que parece imposible de ser amado.

—Richard Price
New York City
January 1988

Traducción mia!

viernes, 8 de abril de 2011

Quebec

Hermoso Quebec, lugar de película si los hay!!!
In love con Canada :)